Hace ya varios años que a mi hijo mayor y a mí nos diagnosticaron celiaquía.
En mi caso, el diagnóstico llegó acompañado de una mezcla de emociones difícil de explicar. Por un lado, alivio y hasta felicidad: después de 15 años conviviendo con síntomas muy diversos, por fin tenía una respuesta. Ya no estaba “exagerando”, ni me estaba volviendo loca. Por otro, el cansancio extremo de un cuerpo que llevaba demasiado tiempo pidiendo ayuda.
Con mi hijo, sin embargo, la emoción fue distinta. Él tenía solo cinco años. Y aunque saber lo que le pasaba fue un regalo, pensar en todo lo que se le venía encima me dejó completamente rota durante un tiempo.
Con los años he entendido que, cuando vivimos un cambio importante en nuestra vida, y el diagnóstico de celiaquía lo es, pasamos por lo que se conoce como la curva del cambio.
La curva del cambio describe el proceso emocional que atravesamos las personas cuando algo rompe nuestra normalidad.
No es lineal, no es igual para todo el mundo y no siempre se vive en el mismo orden, pero entenderla ayuda a poner nombre a lo que sentimos tras un diagnóstico de enfermedad crónica como la celiaquía.
Cuando a una persona le diagnostican celiaquía, de repente, bajo sus pies se abre una especie de abismo.
Y lo más duro es que, desgraciadamente, tras el diagnóstico no siempre hay acompañamiento, ni lugares claros donde expliquen qué va a pasar a partir de ese momento.
Muchas personas recién diagnosticadas me escribís para contarme cómo os sentís: enfadadas, resignadas, asustadas. Por eso hoy quiero compartir este post, para que sepáis que no estáis solos y que lo que sentís es completamente normal.
Diagnóstico celiaquía: "Curva del cambio"
1 y 2. Emoción / Miedo
Cuando llega el diagnóstico suelen aparecer dos emociones muy potentes:
Felicidad o alivio, especialmente en quienes llevaban años con síntomas sin explicación. Por fin sabes qué te pasa y, sobre todo, cómo empezar a mejorar.
Miedo al cambio, a todo lo que viene después, a lo desconocido.
Y sí, es totalmente posible y de hecho, muy frecuente, sentir ambas cosas a la vez.
3. Resistencia
¿Por qué a mí?
¿Qué he hecho para llegar a este punto?
¿Lo podría haber evitado?
Nos resistimos a aceptar que, a partir de ahora, nuestra vida va a cambiar sí o sí. Y muchas veces, además, no sabemos ni por dónde empezar.
En mi caso, poner nombre a lo que me ocurría fue liberador.
Pero el golpe emocional llegó después, pensando en mi hijo y en todo lo que tendría que afrontar desde tan pequeño.
4. Amenaza
¡Socorro! ¿Cómo afronto yo esta nueva situación?
Mi entorno no me entiende. Me dicen que exagero. Que me he vuelto “radical” con la comida y con la limpieza de la cocina. Empiezo a sentirme el bicho raro.
Aquí aparecen la inseguridad, el aislamiento y la sensación de estar solo frente al mundo.
5. Desilusión
Mi vida es un caos.
Me siento hundida.
Creo que no voy a poder hacer nada de lo que hacía antes.
Esta fase es dura, muy dura. Es una auténtica crisis emocional en la que parece que todo lo que conocías se ha desmoronado.
6. Transformando la idea
Y de repente… click.
Llevas unas semanas comiendo sin gluten y empiezas a notar cambios reales:
Ya no te duele la cabeza.
No corres al baño constantemente.
Tienes más energía.
Empiezas a reconocerte de nuevo.
Tu cuerpo empieza a responder y tu mente, poco a poco, también.
7. Aceptación
“Oye, pues esto de ser celíaca/o no es tan terrible”.
Descubres productos sin gluten que te gustan. Sales a comer fuera y encuentras restaurantes donde te entienden y te cuidan. Empiezas a recuperar planes, rutinas y confianza.
8. Integración
Sí, soy celíaca/o. Es lo que me ha tocado. Y así es la vida.
Aceptas la celiaquía como parte de ti, sin que te defina por completo. Porque hay cosas mucho peores, y porque ahora sabes cuidarte mejor.
9. Seguir adelante con tu vida
Ha pasado tiempo desde el diagnóstico.
Tienes controlados los supermercados y los productos.
Sabes dónde comer con seguridad.
Tu entorno te apoya.
Te atreves a viajar con información y tranquilidad.
Tu salud ha mejorado de forma notable. Tu vida sigue. Y sí, puedes volver a ser feliz.
Un mensaje para quienes acabáis de recibir el diagnóstico
Sé que no todas las personas pasan por estas fases. O no en este orden. Pero estoy convencida de que, si estás leyendo esto, te reconoces en varias de ellas. Yo la primera.
Si acabas de recibir el diagnóstico de celiaquía y ahora te sientes triste, angustiada o perdida, quiero que sepas algo: esto pasa. Y pasa porque tu cuerpo, cuando deja de estar “envenenado” por el gluten, empieza a sanar. Y tu mente, poco a poco, también.
Si quieres seguir aprendiendo y sentirte más segura en esta nueva etapa, en este otro post te dejo 10 consejos para celíacos novatos, pensados para acompañarte en los primeros pasos.
Helena




