jueves, 22 de febrero de 2018

"La importancia de elegir las batallas", por Singlutenismo

Buenos días.

Si os acordáis, en el primer post de este año, este post, os conté que tenia ganas de hacer este blog un poquito más de todos. Y una manera de hacerlo era mediante las colaboraciones.

Y hoy por fin doy por inaugurada esta sección. Y lo hago con alguien que para mí es todo un referente. 

Porque cuando hace 4 años nos diagnosticaron a Nicolas y a mí celiaquía, su blog fue uno de los primeros que conocí y que mas me ayudaron en aquel proceso (y lo sigue haciendo); porque su labor informativa con respecto a la celiaquía es brutal; porque las recetas de sus panes son fantásticas; y porque cuando la conoces en persona, es un verdadero amor. 

Hablo por supuesto de Dany "Singlutenismo".

Así que sin más, os dejo con el artículo que abre esta nueva sección del blog. 
Gracias Danny. Por todo.


No os podéis imaginar el honor que es para mí inaugurar esta sección del blog de Helena. 

Le he estado dando muchas vueltas a qué podía aportar yo desde aquí, porque la verdad es que Helena hace tan buen trabajo que poco más puedo decir. Pero últimamente he estado reflexionando bastante en general y sobre una cosa en particular y me ha parecido apropiado traerlo a este rincón del mundo.

Pero antes de entrar en materia, quisiera presentarme: soy Dany Faccio, de Singlutenismo, y me podréis encontrar por las redes bajo los dos nombres y detrás de una muñequita azul. 

Mi más importante objetivo es el de proporcionar a todas aquellas personas que viven sin gluten todas las herramientas necesarias para mejorar su calidad de vida en diferentes aspectos. Esto se traduce en que en Singlutenismo comparto recetas, viajes, restaurantes, productos, debates, consejos, reflexiones... En fin, todo aquello que compone un estilo de vida sin gluten. 

Además, desde El Taller Sin Gluten enseño de manera presencial y a distancia a través de nuestra escuela online a cocinar un montón de cosas riquísimas junto con mi compañera Raquel, de Celiaquines.

Uno de los temas que abordo en Singlutenismo con bastante frecuencia es cómo llevar esto de vivir sin gluten a nivel social. 

En octubre del año pasado se cumplieron 7 años desde que me diagnosticaron celiaquía y ese día compartí una reflexión sobre la suerte que he tenido en mi vida celíaca. Por supuesto, como todos, he tenido mis momentos duros, pero hoy puedo decir con total seguridad que el balance final es sumamente positivo. Y quizás por eso una de las cosas en las que más me centro desde Singlutenismo es en que todos corráis mi misma suerte. La realidad es que es desesperante lo incomprendidos que nos sentimos a veces, y en ciertas ocasiones resulta agotador tener que estar explicándolo todo.

Soy la primera partidaria de llevar a cabo esa labor de hormiguita. Creo que nuestro entorno podrá entendernos mejor e involucrarse más cuanta más y mejor información tengan sobre lo que nos pasa. Y también quiero pensar que cuando preguntan o cuestionan no lo hacen con maldad, sino que lo hacen desde la más pura y honesta ignorancia. Y a nadie le gusta sentirse ignorante, ¿a que no?

Por eso siempre os invito a que abordéis el tema de la manera más didáctica posible, que lo enfoquéis desde la curiosidad y no desde el sabelotodismo. Que ya sé que no es jamás nuestra intención ir de sabelotodos, pero desde el otro lado, según el tono y las expresiones que usemos, se puede entender así.


Cuando alguien os pregunte qué os pasa si coméis gluten, no lo toméis como una pregunta desagradable y fuera de lugar. Ellos realmente no saben qué os pasa. Es vuestro momento para contar, si queréis, qué tipo de síntomas notáis, pero también para comentar que no todos los celíacos tenemos síntomas, y que incluso un mismo celíaco puede tener síntomas unas veces y otras, no. Y yo aprovecharía para recalcar que, a pesar de eso, el daño interno es el mismo para cada uno, que se inflaman y atrofian las vellosidades intestinales y entonces tenemos problemas para absorber nutrientes.

Si os hablan de alguien que es poco celíaco, que tiene un grado bajo de celiaquía o que de vez en cuando come gluten y no le pasa nada, de verdad, no os subáis por las paredes. Pensad en cuánto nos cuesta informarnos cuando nos diagnostican. Ojalá saliéramos de la consulta del médico teniéndolo todo claro, pero lamentablemente, hoy por hoy, eso no es así y nos tenemos que buscar la vida. 

Por eso no es de extrañar que haya tantísimos celíacos o sensibles al gluten que estén mal informados. Yo nunca permito que esto me indigne. En primer lugar, me preocupa por esa persona: se está haciendo un daño enorme constantemente que a la larga dará la cara en algo muchísimo peor. En segundo lugar, me da miedo por mi colectivo: un celíaco mal informado es el peor enemigo de otro celíaco. Siempre que se presentan estas situaciones, le hago saber a mi interlocutor que, mal que nos pese, nos cuesta mucho estar bien informados, pero que es vital para nuestra salud que llevemos la dieta sin gluten completamente estricta. Y por otro lado también comento que cada uno es libre de hacer con su cuerpo lo que quiera, como quien fuma o tiene relaciones sexuales de riesgo. Pero que tenemos que diferenciar una cosa de la otra, desde luego.


Pero este artículo se titulaba “la importancia de elegir las batallas” por algo. 

Y es que a veces por mucho que expliquemos, por mucho que busquemos la manera de que empaticen con nosotros, y por mucho que pongamos de nuestra parte, nos encontramos con un muro. Y, de verdad, que soy la primera cabezona que no se queda tranquila con estas cosas. Pero al final he aprendido a no permitir que me afecte, porque sino no vivo. Puedo sentarme aquí y hablar de injusticias, de que luego yo voy a un restaurante y no se toman en serio la contaminación, o de que llego a un cumpleaños y no tengo nada que comer.

Por suerte poco a poco vas aprendiendo a diferenciar lo que es problema tuyo de lo que no lo es. Y vas aprendiendo a elegir las batallas. Que yo siempre hago el intento, pero cuando no se puede, no pasa nada. Tenemos que ser conscientes de que hay un montón de cosas que no vamos a poder controlar y eso también está bien.

También he aprendido a elegir a la gente de la que me rodeo. 

Sé que con la familia es muy duro, porque es familia y se supone que tenemos que quererlos. Pero hay veces (y no digo que sea el caso de la celiaquía, pero pasa) en las que hasta la familia nos resulta sumamente tóxica. Tenemos que aprender a cuidarnos y rodearnos de esa gente a la que aportamos luz y que ilumina nuestra vida. Así que elegid vuestras batallas y elegid a vuestra gente, y no perdáis el tiempo y, sobre todo, energías en lo que no vale la pena. El mundo está lleno de gente maravillosa llena de curiosidad y empatía. 

Centraos en ellos, que os lo pasaréis muchísimo mejor.

1 comentario:

  1. Maite González Miyares22 de febrero de 2018, 11:20

    Totalmente de acuerdo. Hay que evitar las situaciones tóxicas y sobre todo la gente tóxica. Hay que tener más empatía y priorizar más nuestro tiempo porque pasa volando y la salud es muy importante pero disfrutar los momentos también! Un artículo genial Dany. Gracias por ser de esas personas que aportan luz a la vida.

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