lunes, 8 de septiembre de 2014

Sobreviviendo a mis primeros Sanfermines "sin gluten"

Hola buenos días.

Aunque han pasado ya más de dos meses desde los Sanfermines, hoy os quiero contar como los vivimos mi enano y yo, ya que eran los primeros que pasábamos siendo celiacos. Y fueron duros, para que os voy a engañar.

Los Sanfermines, como cualquier otra fiesta popular, se viven en la calle. Y eso que este año el tiempo no acompaño en absoluto, pero al fin y al cabo, con chaqueta o sin ella, todo está en la calle.
Eso implica almorzar-comer-merendar-cenar por ahí. Y cuando digo "por ahí" para cualquier persona que no tenga ningún tipo de intolerancia es: "entro en un bar, en un txiringuito o en un puesto callejero y me cojo lo primero que me apetezca en el momento en que tenga hambre".

Ummmm, pero las cosas cambian, y mucho, cuando una es celiaca. Porque NO PUEDES COMER NADA, NADA DE NADA, EN NINGÚN SITIO: ni unos pintxos (sí, de esos maravillosos que tenemos en Pamplona), ni unas rabas, ni unos simples churros (que llorera se pegó el pobre Nicolás un día que bajamos a las barracas -la feria para el resto del mundo) y él sólo quería unos churros, unos simples churros).

Y tu como adulto que eres piensas: "bueno, pues me salgo con mi pan, mis croquetas y me acoplo a lo que sea". Y es duro. Pero para un niño es un mundo. Y por mucho que los padres intentemos "protegerlo" de ciertas situaciones (me llevo al niño a montarse en otra atracción mientras el resto de los niños se comen sus churros), al final ellos no son tontos y enfrentarse a su comentario de: "mama odio ser celiaco" es como una punzada en el corazón.

Es verdad que el día a día de un celiaco es más o menos llevadero. En casa es sencillo. Caro pero sencillo. Viajar complica las cosas, pero siendo organizada y sabiendo que más que "disfrutar con la comida" lo que vas a hacer es simplemente "sobrevivir" (sobre todo según donde vayas). lo puedes hacer sin problemas. Pero los días "especiales", esos son los difíciles.
En una sociedad donde la cultura gastronómica es enorme; donde la comida se convierte en el eje principal y central de parte de nuestra "sociabilidad", ser celiaco, y con perdón, ES UNA MIERDA, Y ES DURO. Y os juro que de normal lo llevo estupendamente, pero cuando una es consciente de que nunca, nuca más se va a poder tomar un bollo de crema (vale, los hay sin gluten pero por favor... no comparemos seamos serios); un pintxo, un bocata de jamón o unos churros...

En fin, a pesar de todos los pesares seguiremos saliendo, seguiremos disfrutando "sin gluten", aunque haya días que sean "un poquito cuesta arriba".
Besos mil y gracias por estar ahí
Helena

3 comentarios:

  1. Helena haces una descripción muy acertada de nuestra realidad, nos adaptamos pero hay momentos en que es duro , pero nuestra salud lo merece , y vamos buscando recursos , con el tiempo cada vez os será mas fácil, mis hijos ya son mayores y no han desarrollado todavía la intolerancia , pero entiendo que con menores la situación es todavía mas difícil,

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    1. Gracias por tus palabras Mogisa.
      La verdad es que como digo, en general el día a día no lo llevamos nada mal pero claro, hay momentos puntuales francamente complicados. Y encima con un niño de 6 años pues aún se complican más las cosas.
      Un besote grande

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    2. Hola Helena. Me siento muy identificada con algunas de als cosas que cuentas. Pero también es verdad que con el tiempo se le da la vuelta.... Nosotros el bermut ya lo tomamos en el Baserri, el bollo de crema lo compramos en Valentina y los churros los dejamos para casa.... Si vamos al encierro y luego a desayunar por ahí le llevo algo que le guste mucho,... Mucho ánimo. Un abrazo

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